La primera vez que renuncias a una palmera de chocolate.

Una vez leí que la celiaquía era más una cuestión social que un tema de alimentación en sí. Y creo que tenían razón.

Una vez aparece en tu casa, todos tus esfuerzos se centran en cambiar el tipo de alimentación e intentar adaptarla al mundo sin gluten. Y tu cocina se convierte en un mundo burbuja donde todo es seguro, y cada componente con gluten de un armario tiene su alternativa sin gluten en el armario de al lado. O al menos, se intenta.

Es al mezclarte con el mundo real, rodeado de trigo por todas partes, cuando es visible la parte social. Es cuando compartes un bollo con él porque en el cumpleaños familiar nadie se acordó de llevar una tarta sin gluten o cuando le ves la cara de desolación cuando se le cae al suelo el helado que hemos tardado 3 cafeterías en encontrar cuando te das cuenta de que hay un componente mucho más grande que la alimentación en sí.

Y entonces, sumida en este tipo de pensamientos, te tomas tu café con leche para merendar, solo, sin esa palmera de chocolate que estás viendo en la vitrina de la pastelería, porque a él sólo le trajiste para acompañar unas galletas sin gluten.

Y compartes con él un momento de empatía, especial, grande, único, sin que ni siquiera él lo sepa.

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3 pensamientos en “La primera vez que renuncias a una palmera de chocolate.

  1. jajaja todos pasamos por eso, en mi caso la estantería llena de bocadillitos y cosas saladas. Entonces es cuando te entra el instinto asesino porque te sientes en medio de un desierto sin comida. Lo mejor es llevar algo en el bolso si no te mueres de hambre jaja.

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  2. La verdad es que son situaciones duras, que generan rabia, pero poco a poco se aceptan. Bueno siempre hay algún día que te mosquean más de lo habitual.
    A veces, después de una situación así, me doy un atracón de alguna cosa, pizza por ejemplo, y parece que me calma…jajajajaja
    Un abrazo fuerte!
    Foody

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  3. Supongo que las primeras veces te quedas en la parte de yo quiero, y por qué no puedo. Pero quizá porque sean momentos algo duros, cuando son compartidos surge complicidad.
    Ahora, lo del atracón para calmar los ánimos me ha encantado.
    Y sí, mi bolso empieza a ser el de Mary Poppins. Entre ketchup, Nesquik, galletas…ya he oído algún comentario sobré si quedaba algo más dentro jajaja

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