La importancia de los detalles.

Hace varios años no pensé que se podía relacionar la felicidad con poder comer patatas fritas o panchitos en un bar con la bebida. Así, sin preguntar.

Quien dice patatas en un bar, dice meter la mano en el cuenco de gusanitos de un cumpleaños. Qué cosas más simples. O pedir calamares fritos. La primera vez que encontramos calamares fuera de casa pedimos dos raciones.

En la película de Amelie, la protagonista nos enumeraba las cosas que le hacían feliz, como meter la mano en un saco de legumbre o ver la gente reír a oscuras en el cine, intentando buscar la empatía del público.

Supongo que como Amelie, en el fondo buscamos eso, la empatía del público. Intentamos que sepan lo importante que es poder disfrutar de cosas pequeñas, de simples detalles.

No sé. Quizá es demasiado esfuerzo preparar un cumpleaños sin gluten solo para verle la cara al meter la mano en el cuenco común. O es mucho el tiempo invertido en buscar esa terraza de verano donde nos sirvan una ración de calamares. Aunque en el momento de disfrutarlo, no piensas que hubo que hacer tal esfuerzo.

Es más. El tiempo pasa, y te das cuenta de que la vida social se va volviendo más compleja a medida que se cumplen años.

Y, ¿quién sabe? Igual que ahora no nos sorprende que nos pregunten en una cafetería “¿de sobre o de máquina?”, en unos años simplemente disfrutará el momento y ya no le sorprenda escuchar en un bar “¿con o sin gluten?”.

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4 pensamientos en “La importancia de los detalles.

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