Un obrador con corazón. Mamá Kokore.

“Cuando algún recuerdo suyo me viene a la mente, descubro que aún pienso en él como “Sensei”. Y con pluma en mano, no puedo forzarme a escribir sobre él en ninguna otra forma.”  Kokoro, de Natsume Soseki

Las conocí en la 2ª edificón de Salaia, el salón de alergias e intolerancias que se celebró en Madrid. Eran vecinas de Celikatessen, y el uno invitaba a ver el stand del otro. Tenía que ser una señal.

Tenían un expositor con distintos bizcochos, y una cara amable con voz pausada, me invitaba a probar un brownie, mientras me contaba dónde estaban ubicadas en Madrid. Cerca de Ventas, en Pueblo Nuevo. Le di mi correo para que me tuvieran informada y me prometí a mí misma hacerles una visita.

Entre los correos que recibía, me llamó la atención un taller infantil de helados. Era verano, y teníamos días libres. Hacía calor, y el taller permitía poder comernos lo que íbamos a hacer. Parecía un plan perfecto.

Así conocimos el local, no muy grande, pero igual de acogedor que ese alma de Kokore que me atendió para darme el brownie. Distintos espacios, decoración sencilla, unos cristales que dejan ver el lugar donde se crea.

20150625_125303.jpg

Un local que te invita a volver, eso sin duda. Y por cierto, adaptado a personas con movilidad reducida.

Mientras la parte de Kokore más dicharachera estaba enseñando a los niños los distintos ingredientes, me dejé llevar, preguntando aquí y allí, por la tercera integrante del equipo; la que quizá me acercaba más a la parte práctica del negocio, la variedad de productos, la dificultad de encontrar harinas sin trazas y ecológicas.

Mientras oía al grupo mezclar ingredientes, me fijaba en cómo el escaparate atraía a transeúntes curiosos, o cómo clientes entraban a preguntar por su pedido y salían tan contentos.

Y así, sin avisar, aparecieron tras un mostrador.

No sólo hacían repostería sin gluten y vegana, también vendían las harinas, semillas y granos con las que las hacían, además de algas, legumbres y otros productos.

Comprendo por qué su repostería es tan buena. He probado en casa la materia prima en bizcochos o panes. Y no sólo he repetido, sino que cada vez me atrevo con más variedad.

La siguiente vez que las vi, entre un bullicio de gente, un cruce de miradas y una sonrisa me llevaba de la mano a ese kokoro o Kokore conocido, acogedor y agradable.

KokoreBrownie

Y es que creo que Mamá Kokore es algo más que repostería, más que talleres o harinas. Tres integrantes, que bien podrían ser el alma, la palabra y las manos de ese Kokore, que según dicen en su web, significa muchas cosas, pero sobre todo corazón. Porque así lo muestran. Corazón, el que ponen en lo que hacen y corazón, el que dan en lo que ofrecen.

Mamá Kokore
Germán Pérez Carrasco, 48
Madrid
Teléfono: 91 012 72 77 – 685 34 61 99
http://mamakokore.com/

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