Nuestra experiencia sin gluten en Cangas del Narcea

Este año quería un destino fácil. No tenía tiempo de buscar mucha información y se nos echaba el tiempo encima.

Lo único que sabíamos de Cangas del Narcea es que estaba en el interior de Asturias, y era un destino donde era fácil encontrar restaurantes sin gluten. Sabíamos que íbamos a plena naturaleza, pero desconocíamos qué más actividades podríamos encontrar.

El ayuntamiento ha creado la red “Cangas sin gluten” donde se adhieren establecimientos (alojamientos, restaurantes, tiendas) que están formados para ofrecer opciones sin gluten a celiacos. En la misma oficina de turismo tienen un folleto con la información, y en la web, los puedes encontrar en:

www.cangassingluten.com/establecimientos.html

Los restaurantes están casi todos en el mismo Cangas, mientras que los alojamientos están algo más repartidos por el valle. Alguno de ellos está algo alejado. Así que hay que tenerlo en cuenta si tienes pensado ir a cenar o a comer a Cangas a menudo.

Restaurantes que visitamos:

En Cangas:

  • Café Madrid. En el centro de Cangas. Tienen tostas sin gluten de todo tipo, cazuelas, distintas raciones. Tiene comedor, zona de mesas en la barra, y terraza. El cachopo, riquísimo. Muy crujiente. Nos gustó tanto para comer, como para picar y compartir raciones. El trato, inmejorable. Sin embargo, no tenían sidra.

Calle Mayor, 17 – 985 810 038

  • La Ruta. Muy cerca del Café Madrid. Especialistas en arroces, según indican en su carta, escogimos uno de caza. Estaba muy rico. Tienen distintos platos de carne, pescado, ensaladas. El comedor es bastante pequeño, así que es aconsejable reservar. Tampoco tenían sidra. Nos ofrecieron un vino tinto de la zona. Muy rico. Aunque nos lo sirvieron de nevera, así que tuvimos que esperar a que se templara un poco.

Calle Mayor, 16 – 985 810 998

  • Sidrería Narcea. Típica sidrería asturiana. Tiene terraza. Degustamos un cachopo, que compartimos, y ofrecen toda la carta sin gluten, incluidas croquetas. El comedor, grande; los camareros atentos. Nos gustó mucho.

Calle Dos Amigos, 12 – 985 810 038

Nos quedamos con ganas de probar la Sidrería Suiss, que estaba cerrada por vacaciones, pero tenía expuesta una carta sin gluten de lo más apetitosa, y la pulpería Tierras Gallegas, que no nos dio tiempo a probar.

Echamos en falta, sin embargo, cafeterías para poder desayunar en Cangas. Aun así, en la propia “red sin gluten” hay alojamientos, con opciones de desayunos, y también apartamentos.

Otros establecimientos:

  • Obrador Isacel: la tienda que tienen de cara al público no es muy grande. No encontramos gran variedad de productos, aunque siempre tienen alguna magdalena, cookies, pastas de té, pan y oferta salada. Las empanadillas que probamos nosotros estaban muy ricas.

Avenida del Acebo, 8 647 019 474

  • Heladería Prestaté: Heladería artesana con cucuruchos sin gluten. No tienen gluten en la tienda, así que no hay posibilidad de contaminación.

Calle Mayor, 24. 662082 898

En los alrededores:

  • Restaurante Funsiquín: Cerca de la Reserva Natural de Muniellos. Cocina tradicional, donde ofrecen carnes a la brasa, verduras, fabada, pote, croquetas. El comedor tiene unos ventanales con unas vistas espectaculares, y el trato fue estupendo.

Gedrez – 985 911 330

Actividades que hicimos:

Nosotros estuvimos sobre todo en Cangas, donde elegíamos cada día un sitio para comer. Visitamos el Santuario del Acebo, y también nos acercamos a la reserva de Muniellos. Nos quedó pendiente la visita al pueblo de Bisuyu, que parecía también interesante, pero nos quedamos sin días.

En Cangas:

  • Piscinas. Aprovechando una presa que desvía agua del río, han creado unas piscinas. justo en frente de una zona verde, con un prado cuidado, y unas vistas preciosas de uno de los barrios antiguos. Si tienes la suerte de tener buen tiempo, como nos pasó a nosotros, puedes disfrutar de más de una tarde al sol con unas vistas estupendas. Aunque el agua está a una temperatura sólo para valientes.

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  • La ruta del vino. Saliendo del mismo Cangas, hay una senda peatonal  que sigue la rivera del río. Un camino por la sombra, con algún que otro panel informativo sobre fauna o flora que puedes encontrar por el camino. que te lleva al museo del vino tras un paseo de unos 30 minutos (a paso infantil).
  • Museo del vino: tras la caminata, aconsejo visitar el museo del vino. La entrada no es cara, y los niños lo ven gratis. Si bien el museo en sí no es muy grande, incluye una visita a un lagar, que es bastante curiosa. Te hacen ver el uso comunal del lagar, cómo funcionaba, cómo todo el barrio se concentraba en torno a él en época de vendimia. No es una visita larga, y tanto mayores como pequeños aprendimos.
  • Paseo por Cangas. El paseo por el casco histórico es muy agradable. Hay un puente colgante desde el otro lado del río. Según lo cruzas, podrás encontrar la oficina de turismo. Nosotros nos dedicamos en nuestro primer paseo a localizar los distintos restaurantes sin gluten en el mapa y decidir cuáles íbamos a probar. En la calle Mayor hay una heladería con cucuruchos sin gluten y sin posibilidad de contaminación, que también es una buena excusa para acercarse al centro a dar un paseo.

 

En los alrededores:

  • Parador de Corias: Monasterio transformado en Parador. Hay visitas tanto al monasterio como a las bodegas, pero a unos horarios fijos. Nosotros no llegamos a tiempo. Visitamos, sin embargo, un centro de la naturaleza que hay pegado al edificio de las bodegas. No es muy grande, pero nos dieron información para pasear por la zona, y tienen los restos de un molino restaurado, bastante peculiar.
  • Santuario del Acebo. A una altura considerable, el pico del Acebo tiene unas vistas impresionantes. La ermita la encontramos abierta. Un panel te informa del año al que se remonta la construcción del santuario y de la importancia que tiene en la zona, al ser lugar de concentración en celebraciones. La subida en coche se hace un poco larga. Aunque las fotos que se consiguen arriba realmente son bonitas. Eso sí, hay que ir en día despejado.
  • Reserva de Muniellos: Aunque la entrada a la reserva requiere autorización, que nosotros no llevábamos, el entorno alrededor de la reserva es igualmente bonito. Merece la pena visitar la zona. De hecho, nosotros lo dejamos para casi el último día, y me quedé con la sensación de que teníamos que haber pasado más tiempo allí.

Tiene varias rutas para todos los gustos; algunas de ellas bastante fáciles, para ir con niños:

  • En Tablizas hay un centro de interpretación de la naturaleza. Antes de hacer ninguna ruta, pasamos a preguntar. Hay una pequeña exposición donde te explican qué animales y qué paisajes vas a encontrar, qué edificaciones encontrarás en la zona (nos llamó la atención las construcciones para evitar que los osos se comieran la miel de las colmenas). Saliendo del edificio, puedes recorrer una senda muy facilita, pero que te muestra unas vistas impresionantes de la reserva. Una vez la finalizas, y cruzando la carretera, puedes también subir a un mirador por otra senda, algo más empinada, para completar la visita.
  • En Moal, se puede dejar el coche, a la altura de la iglesia, cruzando el río. De ahí sale una ruta “del oso” que discurre entre bosques y prados. Pero tiene cierto desnivel. Hay otra ruta, que fue la que elegimos nosotros, más llana, que discurre por una pista de hormigón. Ésta se coge, cruzando el río desde donde habíamos dejado el coche,  y tomamos el camino hacia la izquierda. Vimos por la ruta desde las construcciones anti-osos que vimos en el centro de interpretación, hasta huertos y frutales de todo tipo (incluido el árbol del kiwi, que no había visto hasta entonces)

Tienes más información de las rutas aquí:

www.turismoasturias.es/descubre/naturaleza/rutas/senderismo/ruta-del-bosque-de-moal#

En conclusión, es un destino para amantes de la naturaleza, que no quieran preocuparse por el gluten. El entorno es una maravilla. Para todos aquellos que no quieren salir de vacaciones por miedo a contaminarse, o no encontrar sitios aptos, es perfecto. Y aunque también hay opciones diferentes al senderismo, la verdad es que la zona invita a pasear, y conocerla por sus distintos senderos.

 

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